martes, 23 de junio de 2015

No quiero nada.

Los cambios me aterran, empezar del uno me atiborra de miedo, pensar en lo que pasará y no ha pasado es como si de verdad pasara mientras yo estoy blindada y por los ojos se me escurre el cielo de noche, estas lágrimas me inundan, la incertidumbre me viaja a lugares impredecibles y tenebrosos, la manera de salir es tomar una decisión, y ese lapso en que la tomas te hierve en fuego irreductible.

No llores por caminos sin recorrer.

No llores por lugares que no has visto, por futuros inciertos. No llores por los pasos que no has dado, ni por los que diste, por los asientos que no has ocupado y por los que dejaste huecos. No llores por las gotas que no han caído del cielo, ni por las que se volvieron charcos, no llores las risas que no has oído, ni por las sonrisas que no has visto, no tengas miedo de los llantos que no has vivido, ni por las excusas que tendrás que dar. La vida es así, cuanto más no ha pasado, más aterra, pero cuando estás ahí te das cuenta que no era tan malo.

martes, 16 de junio de 2015

Sin fin.

Tengo un par de pies sin rumbo, caminan aislados de la realidad, no tienen idea de las estrellas, de que ellas los miran aún cuando se ven más cansados, de lo tanto que las perturba su caminar cegado.

viernes, 12 de junio de 2015

No sé.

He decidido comenzar de nuevo, la tarde se me escurre por los parpados y las gotas me distraen a cálidas consecuencias, que difícil estar de pie, tan distante de la soledad, frente a mi una persona llenando notas, llenando su vida de cosas que, a través de mis palpitaciones, se distribuye un filtro que me dice: son cosas que le disgustan, su cara moderada, controlada por la escultura de una sociedad promiscua e inestable.